Un ganador…

Un ganador enfrenta, razona y supera el problema.
Un perdedor le da vueltas y nunca logra pasarlo.

Un ganador se compromete y actúa en consecuencia.
Un perdedor hace promesas pero no actúa y saca disculpas para no hacerlo.

Un ganador dice ante una tarea concluida: Soy bueno, pero puedo hacerlo mejor.
Un perdedor dice: Yo no soy tan malo como muchas otras personas.

Un ganador respeta y escucha a todas las personas y aprende de ellas.
Un perdedor se resiente con los que saben más que él y trata de encontrarles sus defectos.

Un ganador trabaja mucho más que un perdedor y aún así, tiene tiempo.
Un perdedor está siempre muy ocupado. Muy ocupado … quejándose.

Un ganador comparte este mensaje con sus amigos.
Un perdedor lo guarda sólo para sí mismo.

Cuando un ganador comete un error, dice: Yo me equivoqué, y aprende del error.
Cuando un perdedor comete un error, dice: No fue mi culpa.

Nuestras actitudes en todo lo que pensamos, decimos y hacemos, repercutirán siempre en nuestra actitud emotiva, por ende con quienes interactuamos (autor anónimo).

Fuente: http://unajaponesaenjapon.com